sábado, 24 de diciembre de 2011

140

Una querencia tengo por tu acento,
un anhelo por tu compañía,
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

139

Quizás, nunca tuvieron el deseo imperioso,
de expresar lo que sienten en lo más hondo de su ser,
y que no se puede decir,
ya que perdería todo su encanto,
su misterio, su melancolía, su soledad,
su alegría o su tristeza.

138

Hasta el silencio tiene sus texturas
cuando se llena de mensajes coloreados,
se puede decir te quiero sin pronunciar una sílaba
y despedirte cuando está escuchándose hola.
Pero es imposible ocultar la melancolía
del que tiene sin tener toda la nada del mundo,
ni tampoco pueden apagarse de un soplido
las llamas que han quemado tan profundo
un bosque de abedules que no saben consumirse.


137

"A este hogar por el horror con frecuencia visitado,
dime, en verdad, te lo imploro
¿Hay, hay consuelo? Dime, dime,
¡te lo imploro!
Dijo el cuervo: Nunca más".


136

Aquí, sobre tu pecho, tengo miedo de todo;
estrechame en tus brazos como una golondrina
y dime la palabra, la palabra divina
que encuentre en mis oídos dulcísimo acomodo.
Háblame de amor, arrúllame, dame el mejor apodo,
besa mis pobres manos, acaricia la fina
mata de mis cabellos, y olvidaré, mezquina,
que soy, ¡oh cielo eterno!, sólo un poco de lodo.
¡Es tan mala la vida! ¡Andan sueltas las fieras...!
Oh, no he tenido nunca las bellas primaveras
que tienen las mujeres cuando todo lo ignoran.
En tus brazos, amado, quiero soñar en ellos,
mientras tus manos blancas suavizan mis cabellos,
mientras mis labios besan, mientras mis ojos lloran.


135

Demente está quien afirma
haber estado una hora enamorado,
mas no es que el amor así se desvanezca,
sino que, de hecho, en menos tiempo os puede devorar.
¿Quién osará creerme si juro
haber sufrido un año de esta plaga?
¿Quién no se reiría de mí si yo dijera
que vi arder todo un día la pólvora de un frasco?

¡Ay, qué insignificante el corazón,

si llega a caer en manos del amor!
Cualquier otro pesar deja sitio
a otros pesares, y para sí reclama sólo una parte.
Vienen hasta nosotros, pero a nosotros el Amor arrastra,
y, sin masticar, nos absorbe.
Por él, como por el infame hierro, tropas enteras caen.
Él es el esturión tirano; nuestros corazones, la morralla.

Si así no fue, ¿qué le sucedió

a mi corazón cuando te vi?
A la alcoba traje un corazón,
pero de ella emergí vacío, desolado.
Si contigo hubiera ido, sé
que a tu corazón el mío le habría enseñado
la compasión.
Pero, ¡ay!, Amor, de una herida lacerante la felicidad
se ha quebrado.

Más la Nada en Nada puede convertirse,

ni sitio alguno puede del todo vaciarse,
así, pues, pienso que aún posee mi pecho todos
esos fragmentos, aunque no estén reunidos.
Y ahora, como los espejos rotos muestran
cientos de rostros más menudos, así
los añicos de mi corazón pueden sentir agrado,
deseo y adoración,
pero después de tal Amor, jamás volverán a amar.

134

Stephen King escribió una vez: "El tiempo lo coge todo, tanto si quieres como si no. El tiempo se queda con todo, el tiempo se lo lleva, y al final, solo queda la oscuridad. A veces encontramos a otros en esa oscuridad, y a veces, los volvemos a perder en ella".