- ¿A dónde habéis cabalgado, mi buen señor? ¿Adonde habéis cabalgado esta noche?
- He estado de caza, hermosa muchacha, pues los perros cazan mejor bajo la luna. Sí, los perros cazan mejor bajo la luna.
- ¿Y dónde habéis cazado, mi buen señor? ¿Dónde habéis cazado esta noche?
- Fui a las ruinas, hermosa muchacha, pues los lobos se ocultan de la luna en ellas. Sí, los lobos se ocultan de la luna en ellas.
- ¿Y con quién habéis cazado, mi buen señor? ¿Con quién habéis cazado esta noche?
- Cabalgué con un extraño, hermosa muchacha, cuyos ojos brillaban rojos bajo la luna. Sí, sus ojos brillaban rojos bajo la luna.
- ¿Y qué habéis cazado, mi buen señor? ¿Qué habéis cazado esta noche?
- Era mi sangre lo que buscaba, hermosa muchacha, pues yo era su presa bajo la luna. Sí, un buen bocado bajo la luna.
- ¿Y porqué habéis venido aquí, mi buen señor? ¿Porqué habéis venido aquí esta noche?
- He venido para un festín, hermosa muchacha, pues estáis muy hermosa bajo la luna, y beberé vuestra sangre bajo la luna.
Y su vida se escurrió bajo la luna, tumbada sobre el bastión del Dragón Negro.
lunes, 17 de octubre de 2011
67
"Imaginad que estáis en una habitación cerrada, totalmente a oscuras, sin absolutamente nada de luz, y que no podéis hablar ni moveos, y ni podéis, ni necesitáis, respirar. Sólo podéis pensar, y sólo pensáis en lo solos que os sentís. Pasan minutos, o quizás días enteros, y todo sigue igual. Algún tiempo después no tenéis ni idea de cuánto lleváis en éste estado. No existe nada, excepto vuestra propia mente. Sabéis que estáis muertos.
Pero de pronto oís un rugido y sentís un poder como el de cien bombas atómica explotando a la vez, que os arrastran sin remedio durante un momento que parece interminable. Entonces, la luz de mil soles os ciega a través de los párpados cerrados. Podéis sentir vuestro cuerpo, aunque de forma extraña. Intentáis abrir los ardientes ojos y poco a poco todo se va aclarando… las imágenes van tomando forma… ¿estáis vivos? Parece que sí… aunque parece que continuáis sin necesitar respirar. ¿Un poco extraño, no?"
domingo, 18 de septiembre de 2011
66
Quizá la mayor facultad que tiene nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.
La primera puerta es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han echo daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.
La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que "el tiempo todo lo cura" es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.
La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.
La última puerta es de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.
Después de que me abandonaran, me adentré en mi habitación y dormí. El cuerpo me lo exigía, y mi mente utilizó la primera puerta para aliviar el dolor que me abrazaba. La herida quedó cubierta hasta que llegara el momento de la curación. Era un mecanismo de defensa: una buena parte de mi mente dejó de funcionar. Se apagó, por así decirlo.
Mientras mi mente dormía, gran parte de los detalles dolorosos del día anterior se escondieron detrás de la segunda puerta. Pero no del todo. No olvidé lo que había pasado, sin embargo el recuerdo quedó amortiguado, como si lo viera a través de una tupida gasa. Si hubiera querido, habría podido recordar su cara, la cara con ojos grises. Pero no quería recordar. Empujé esos pensamientos y dejé que acumularan polvo en un rincón de mi mente que utilizaba poco.
Soñé. No con sangre, ojos vidriosos y su olor, sino con cosas más agradables. Y poco a poco, la herida dejó de dolerme...
martes, 23 de agosto de 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
viernes, 5 de agosto de 2011
62
"Como si de una sombra animada se tratase, el hombre de la capa emergió de la luz. Iba completamente ataviado de negro, desde el lustre apagado de sus botas hasta el sombrero de ala ancha que ocultaba su rostro. Levantó la cabeza para examinar a la multitud congregada de monstruos deformes , y su mirada reflejó una ominosa oscuridad. La fina línea de su boca se desdibujó en una siniestra sonrisa al desenvainar su delgada espada de un tirón. Los mutantes dieron un paso atrás, atemorizados, pues sabían que había llegado su hora."
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